viernes, 2 de enero de 2009

Todos somos responsables


Y entonces me puse a pensar, quizás a dar vueltas sobre los mismos pensamientos que vuelven una y otra vez y sobre las mismas cosas que muchos, los que se dicen “no creyentes” nos preguntan a los que tenemos la Gracias de Creer en Dios, “Si existe Dios y es tan bondadoso como dicen y nos ama tanto como lo manifiestan, ¿por qué permite que haya miseria, odio, guerras, muertes, destrucción, niños desamparados, corrupción, injusticias….? En resumen, ¿porque hay tanta maldad en el mundo? Y pensé que nos toca contestar: “El mal no fue, ni es querido por Dios, pero Él nos regalo la razón y la libertad y nosotros, los hombres y las mujeres, cada ser humano que está sobre esta Tierra decide cómo vivir y qué hacer”… Por eso creo que es importante que reflexionemos sobre esto de “cada ser humano decide cómo vivir y qué hacer”.
En primer lugar los que tenemos la Gracia de Creer en Dios, sabemos que Dios no quiere el mal, pero también sabemos que tenemos una profunda libertad para decidir qué vamos a hacer, aún cuando conocemos lo que está mal y lo que está bien y sabemos lo que Dios espera de nosotros y nos pide/sugiere que hagamos para nuestro bien, para ser felices y para hacer bien a los que nos rodean.
Los que no creen en Dios o por lo menos manifiestan no ser creyentes, también declaran ser absolutamente libres para decidir y de igual forma los caminos que elijan pueden ser buenos o no y llevarlos a la felicidad o no, pueden hacer bien a los demás o destruirlos. Así que en cuanto a las decisiones que tomamos y las consecuencias que las mismas tienen, estamos igualados.
En este sentido, en lo que refiere a cómo vivir y qué hacer, también podemos decir que estamos parejos, porque cualquier decisión que tomemos va a definir qué vamos a hacer y cómo vamos a vivir y esto nos va a traer ciertas consecuencias, personales y sociales, porque todo lo que hacemos repercute a nuestro alrededor, ya que vivimos dentro de sociedades: familiar, laboral, barrial, etc.
Ahora bien, si todo esto es así, ¿no sería bueno que empecemos a mirar la forma en la que vivimos, las cosas que decidimos hacer o, porque no, dejar de hacer, antes de echarle la culpa a Otro? ¿No sería mejor que nos miremos y veamos que todo lo que hoy estamos viviendo tiene que ver con las acciones que llevamos adelante? Claro que cada uno, desde el lugar que le toca ocupar tiene más responsabilidades que otros frente a, por ejemplo, la pobreza, la corrupción, el delito, los abusos, etc. Pero también, es cierto que cuando empezamos a mirarnos, podemos reconocer lo que verdaderamente somos capaces de hacer o dejar de hacer, de aceptar, de callar o de negociar y en ese momento, entonces entender que son nuestras propias acciones las que pueden afectarnos y afectar a los demás.
Ejemplifiquemos un poco. Muchos en nuestra sociedad argentina vivimos quejándonos de la corrupción que hay, sobre todo de los políticos corruptos que tenemos, pero ¿nos pusimos a pensar que estas personas salieron de una familia, de un núcleo de relaciones, tal vez, muy similar al nuestro? Entonces sería bueno que veamos qué hacemos en nuestras familias, qué le enseñamos a nuestros niños y cómo nos compartamos nosotros.
Decimos que los jóvenes no tienen expectativas, que nada les importa y que están “perdidos”, ahora bien, dónde estamos cuando nuestros jóvenes toman las decisiones equivocadas, qué les decimos para que sepan cómo deben afrontar un problema, más aún qué decisiones tomamos nosotros, los adultos, y que nuestros niños, adolescentes y jóvenes están viendo y aprendiendo. Creo, es más estoy convencida, que nada de lo que pasa en lo macro de las sociedades: delincuencia juvenil, alcoholismo, drogadicción, violencia de todo tipo (abusos sexuales, secuestros, robos y asesinatos, guerras), corrupción política o estatal, ninguna de estas cosas pueden ser posibles si en lo micro de las sociedades no estamos viviendo igual o gestando cosas similares.
Por eso, considero que es muy importante que dejemos de buscar un culpable afuera: Dios, la sociedad, los políticos, los jóvenes… en realidad es importante que dejemos de buscar culpables y nos ocupemos por sabernos responsables y empecemos a tomar las mejores decisiones de hacer bien las cosas.
Uno sólo no podrá transformar el mundo, pero de seguro que todos haciendo las cosas correctamente haremos de este mundo, de nuestras sociedades, espacios absolutamente justos si así lo queremos claro está.


Carla María Turco